Autor de la página web

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Nacida en Calatayud (Zaragoza), me encantan las manualidades en fieltro y ganchillo. Me encantaría viajar a Japón algún día y poder ver un concierto de KAT TUN en el Tokyo Dome, mientras tanto, busco y rebusco grupos de cualquier parte de Asia con los que disfrutar. Eso no quiere decir que la de casa no me guste, solo que amplio un poquito mi visión sobre la música.
Ahora también leo manga, así que os iré poniendo títulos y resúmenes para que os animeis a leer.
Las ideas de Niobe
Las ideas de Niobe tiene un nuevo espacio, donde podréis ver algunas creaciones como los amigurimis, podéis elegir entre convertir estas creaciones en broches, llaveros, cuelga móviles o lo que se os ocurra.
sirenaml@yahoo.es

Aquí vas a encontrar diversión y entretenimiento llegada desde Asia. Cultura, música, cine y TV, libros y un pequeño espacio para fanfic. Por último en la sección "Las ideas de Niobe" encontraras pequeños detalles para regalar o darte un capricho.

 Si os apetece publicar vuestros propios fanfic, nos los podéis mandar al correo y los publicaremos a medida que vayan llegando.

Os dejo dos drabbles:
"Una tarde de rosquillas" y "Cena japonesa"
 y el IV capítulo del nuevo serial "Cumple tu promesa"

Una tarde de rosquillas (Drabble)

Toda la mañana en la cola para nada, ya no quedaba tiempo para coger el tren, tendría que coger un taxi y después buscar habitación.  Solo me quedaba llamar a casa y contar lo que pasaba.  Recé por que en el hotel de la estación quedase alguna habitación libre.
Pagué el taxi y arrastré la maleta.  Tuve suerte con la habitación, así que me fui a buscar mi hamburguesería favorita donde me dispuse a disfrutar, sin alejarme mucho de la estación.
En esas estaba, cuando me di cuenta de que los tres muchachos que acababan de sentarse frente a mí, no dejaban de observarme.  Los miré directamente y me atraganté.
- No se te ocurra abrir la boca. - Me la tapó con la mano.
Intentaba tomar aire para no ahogarme.  El chico de rasgos felinos se había movido tan rápido que me tiró la coca cola encima.  Cuando al fin me destapó la boca estaba completamente empapada y molesta.
- No tengo por costumbre ponerme histérica. - Me quejé. - ¡Estoy empapada!
- Lo siento. - Se sentó frente a mí, ante la mirada atónita de sus compañeros.
- Necesito secarme, esto está helado. - Me levanté chorreando refresco.
 Miró como goteaba desde la camiseta hasta los pantalones, chapoteando dentro de mis deportivas.
- No dirás a nadie quienes somos ¿no?
- ¿Crees que en este momento me apetece decirle a alguien quien eres?
- Será mejor que dejemos que se cambie. - El otro chico de pelo corto sonrió compadeciéndose de mi aspecto.
- ¡Gracias! - Exclamé sin nada de agradecimiento.
La cara del recepcionista cuando volví fue de desaprobación total.  Sin duda había conseguido llamar la atención, cosa que me gustaba aun menos que a los tres chicos que se habían quedado disfrutando de su comida.
Después de cambiarme, decidí pasar la tarde paseando y por primera vez en mi vida,
no tenía ganas de escuchar música, su música, para ser más exactos.  Encontré un pequeño parque donde me senté a escribir y así estuve hasta que alguien se sentó a mi lado.
- Hola.
- Hola. - Murmuré un poco molesta sin levantar la cabeza del cuaderno.
- Siento el incidente de la comida.
Miré de reojo, estaba sentado a mi lado ofreciéndome una bolsita con rosquillas.
- ¡Opaaaa Paaaark! - Si, reconozco que me comporté como una zombi.
Pero que iba a hacer, o mejor dicho ¿qué harías tú si Park YooChun se sienta a tu lado y te invita a merendar rosquillas?  Pues eso, mirarle con ojitos de cordero degollado, farfullar incoherencias e intentar no atragantarme de nuevo.  ¡Ah! Y pasar una tarde inolvidable.

Cena japonesa (Drabble)

Después del concierto no me apetecía regresar a casa, solo de pensar que al día siguiente volvería a la rutina me desanimó y el resto del grupo se había disuelto ya.  "Cena japonesa" pensé.
El restaurante más cercano estaba tan solo a unos pasos y mi camarero favorito, Akira, también, volví a desanimarme cuando vi la cantidad de gente que se amontonaba en la puerta.  Sayaka, la hermana de Akira, miraba anonadada a la multitud que no la dejaba pasar
- ¿Qué está pasando? - Pregunté mientras intentaba abrirme paso tirando de ella.
- No tengo ni idea, acabo de llegar.
Tanaka-san, el padre de mis amigos salió de pronto de la nada arrastrándonos dentro del local y cerrando la puerta a cal y canto.  Durante media hora nos tuvieron enclaustradas en la cocina hasta que todo se calmó en el comedor, que fue cuando nos dejaron salir a las dos, con la condición de que nos teníamos que quedar quietecitas en un rincón.
- ¿Por qué nadie nos dice lo que pasa? - Murmuró Sayaka.
- Si tú no lo sabes que trabajas aquí…. - No pude terminar.
Sayaka se había quedado parada, con la boca abierta, yo que como siempre iba despistada, pensando en mis cosas tropecé con ella, que salió disparada hacía adelante cayendo en brazos de la persona a la que señalaba. 
Palidecí, me sonroje, volví a palidecer y de nuevo me convertí en un tomate con patas.
- ¡Go…Gomenasae! - Se disculpó Sayaka con un aspecto que daba pena.
Ahora ya sabíamos lo que pasaba y por que el restaurante había tenido que cerrar las puertas y sobre todo el motivo por el cual se nos había enclaustrado durante media hora.
- ¡HYDE! - Seguía señalando al cantante que comenzaba a poner cara de póker.
-  Gomenasae, HYDE-san. - Me disculpé por mi amiga a la que estaban a punto de estallar los glóbulos oculares. - Es que…
- Con-cier-to… - Balbuceó torpemente, señalándome ahora a mí.
Tiré de ella para llevarla hacia la mesa donde nos esperaba ya nuestra cena, pero Sayaka continuaba pegada al suelo.
- Podéis sentaos a cenar aquí. - Dijo aun con cara de póker.- Pero solo porque tú amiga está empezando a darme miedo.
- No hace fa…
Sentí un fuerte empujón que me hizo caer en brazos de HYDE y volví a parecer un semáforo blanqui-rojo.
- Al menos tú no parece que vayas a morderme... - Sonrió.
"¿Morderte?" pensé mostrando una amplia sonrisa, "dame de comer después de medianoche y no podrás diferenciarme de un gremlin", pensé después de que Sayaka hubiese dejado caer sobre mí su vaso de agua por supuesto.   Después de todo aun seguía en brazos de HYDE.

Cumple tu promesa

CAPÍTULO I

HYDE miró desde el escenario, no imaginaba la cantidad de fans que tenía en España, el Spain Street Team había preparado la sala y había calentado al público que en aquellos momentos gritaba el nombre del grupo.
Sonrió cuando se acercó Laura para preguntar algo a los chicos del Staff,  aquella rubia estaba de muerte, comenzó a afinar la guitarra, apenas quedaban unos minutos para comenzar.
Por el rabillo del ojo, vio como K.A.Z. le tiraba los tejos y ella reía, el sonido de un móvil en el escenario le sacaba de quicio, vio como la rubia salía corriendo con el aparato en la mano mientras gesticulaba en su dirección pidiendo disculpas.
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- No llego, no llego. - Parecía el conejo de Alicia en el País de las Maravillas.
Laura no cogía el teléfono y la sala ya estaría llena, resopló mientras corría, a penas faltaban unos metros.
- Al fin. - La voz al otro lado del aparato sonó aliviada. - ¿Dónde estás?
- Llego a la puerta… ¡ya! - Exclamó la chica conejo.
Apagó el aparato, a la vez que llegaba a la trasera del teatro, no tardó mucho en abrirse la puerta.
- ¡Laura! - Exclamó la chica conejo.
- Solo faltas tú. - Sonrió la rubia. - Móvil apagado.
- Hecho. - Lo mostró a su amiga.
La música de Vamps, había comenzado.  Ambas sonrieron, mientras corrían apuradas hacía el escenario.
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K.A.Z. hizo un sutil movimiento de cabeza hacia donde se encontraban las dos chicas hablando, HYDE, que en ese momento estaba a su lado se giró en la dirección indicada y perdió el compas.
No le sorprendió la reacción de su amigo, las occidentales, les resultaban muy exóticas.  Había recorrido gran parte del mundo en sus conciertos, pero las Españolas, les habían resultado especialmente atractivas.
Saludó al terminar la canción y se acercó a por un botellín de agua.  La morena bajita tenía uno en la mano ya abierto, se lo quitó con una sonrisa en el rostro y bebió, después se lo devolvió con la misma sonrisa, mostrando sus blancos y perfectos colmillos de vampiro.   La chica giró la botella y bebió por el lugar donde lo había hecho él.
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CAPÍTULO II

- ¡No puedo creerlo! - Suspiró Laura emocionada.
- … ni… yo…
- Chica, yo también me hubiese quedado sin palabras.
- Creo que me estoy mareando… si vuelve a hacer eso, me desmayo.
De vez en cuando, las chicas del Street Team que había repartidas por la sala, repartían flyers y chapas relacionadas con el grupo.  Como la chica conejo era la encargada de los flyers, desaparecía para repartirlos entre el resto del grupo.
Cuando HYDE se volvió en una ocasión, ella se había quedado con una fina camiseta negra de tirantes semitransparente, casi choca con el bajo del grupo, que andaba igual de despistado, cosa que a las chicas les pareció de lo más divertido.
HYDE, volvió a por agua en varias ocasiones más, siguiendo el mismo patrón, él cogía la botella, bebía, la devolvía, ella la tomaba y bebía por el lado donde él había bebido.  La última vez que lo había hecho, ella se había recogido el pelo acalorada pero sin no dejar de bailar en ningún momento.
Cuando el concierto terminó, Kaz y el resto del grupo, andaban como locos, comenzaron a recoger HYDE se escabulló en busca de su manager.  Lo que más les apetecía era disfrutar del resto de la noche en buena compañía.
- ¿Dónde están las chicas del Street Team?
- Recogiendo. - Era un hombre de pocas palabras.
- Deberíamos de invitarlas a cenar.
K.A.Z., que bajaba cargando algunos bultos, le pasó su guitarra.
- Le vas a hincar el diente a la morena. - Sonrió.
- Seguro.
- Es impresionante, yo que tu tendría cuidado. - Sonrió de nuevo.
- No debería de ser yo quien tenga cuidado…
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- … ¡Sus botellas! Ella las abría y el bebía…
El equipo, no dejaba de hacerle preguntas.  Alguien le pasó uno de los flyers que ella había diseñado para el evento.
- Pues cuando sepa que eres la diseñadora, te lleva con el de vuelta a Japón.
Todos rieron cuando ella se sonrojó.
Comenzaron a recoger todo y a meterlo en la furgoneta de Laura, que de vez en cuando se entretenía charlando con alguien del equipo de Vamps.  Cuando ya habían colocado todo, uno de los chicos se acercó a Laura.
- El manager, dice que vayas a hablar con él.
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CAPÍTULO III

Laura esperó un momento a que aquel hombre, dejase de hablar por teléfono, el grupo había desaparecido dentro de la furgoneta de lunas tintadas.
- Nos gustaría agradeceos el trabajo que habéis hecho con una cena, esta es la dirección del restaurante.
- Gra…gracias. - Tartamudeó la chica.
Cuando salió en dirección a su vehículo, donde la esperaban chica conejo y Azucena, parecía ir flotando.
- Cualquiera diría que te ha tocado la lotería. - Sonrió su amiga de Madrid.
- Mejor… nos vamos de cena gratis.
Cuando Laura les explicó que les habían invitado a cenar en el restaurante japonés favorito de Gackt, comenzaron a dar palmadas como niñas pequeñas.
El restaurante no estaba muy lejos de la sala donde había tocado Vamps, así que decidieron ir andando.
- ¿De veras no puedes quedarte? - Las chicas no dejaban de insistirle a chica conejo.
- No, mi tren sale a las cinco y media de la mañana, así que disfrutaremos de la cena, bailaremos y nos veremos pronto.
Sus amigas estaban haciendo morritos, cuando abrió la puerta del restaurante, mientras ella seguía insistiendo, Laura la adelantó, pero frenó en seco chocando con ella.
- ¿Nos están haciendo señas?
- ¿Quién? - Chica conejo estiró el cuello para ver mejor.
Se quedaron paradas, K.A.Z., estaba haciéndoles señas para que se acercaran a su mesa.  La más lanzada, que era la morena de Madrid, adelantó a las otras dos, que no se habían movido ni un centímetro de la puerta. 
- ¿Son ellos de verdad? - Murmuró la chica conejo volviendo a estirar el cuello.
- Si... - Laura se había quedado sin palabras, mientras Teresa, la de Madrid, se sentaba entre HYDE y K.A.Z.
- ¿Cuántos pasos habrá hasta la mesa?
- Ni idea.
- ¡Que vergüenza, todos nos están mirando!
Laura sonrió tímida, una cosa era bailar en la zona del escenario y charlar con ellos y otra cenar en aquel lugar.  La chica conejo la empujó suavemente.
- Lo que más me molesta es que Teresa ha elegido el mejor lugar. - Murmuró envidiando a su amiga.
Teresa ya estaba hablando animadamente con ellos y ellas dos apenas habían avanzado entre las mesas cuando Jin, se levantó para guiarlas hasta la suya.
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CAPÍTULO IV

- No imaginaba que fuera del escenario fueseis tan tímidas. - Les abrió paso.
- Es más bien… que esperábamos cenar las tres solas. - Contestó Laura.
- No está bien que después de tanto trabajo os quedéis sin disfrutar. - Sonrió con descaro. - Esta noche es para que disfruten las chicas del Street Team.
HYDE sonreía al ver la cara de las dos chicas, el descaro de la morena, parecía haberse esfumado por completo, ahora parecía un conejito asustado ocultándose detrás de Jin y de su amiga.  La rubia se sentó entre HYDE y Jin, mientras que el conejito asustado lo hizo en el lugar más apartado que encontró.
- Todo el material era increíble. - K.A.Z., estaba mirando una de las chapas y varios llaveros de los que se habían repartido.
- Hacemos lo que podemos. - Decían Laura y Teresa. - Lo que más a gustado a sido el material impreso, poster, fotos, flyers…
El conejito asustado se atragantó con el agua, HYDE dijo algo en japonés y todos rieron estruendosamente.
- ¿Cómo se llama vuestra amiga? - Preguntó Jin a Laura.
- Niobe. - Sonrió traviesa.
- ¿Dónde he visto ese nombre antes?
HYDE levantó la vista de la mesa, tomó uno de los flyers y sonrió mientras lo pasaba a K.A.Z.
- ¡La creadora de nuestra nueva marca! - Silbó.
Bien, el conejo asustado tenía nombre y descaro, pero sabía que había escuchado ese nombre en otro lugar. Durante un buen rato, estuvo dando vueltas a aquello en su cabeza, hasta que recordó que en la web de las chicas había encontrado un enlace púrpura que llevaba a "BAMBÚ", donde pudo leer algunas cosas "interesantes" sobre él.
- He leído en algún lugar, que algunas fans españolas están dispuestas a darnos "caña".  De hecho, una publicó en su web que pasaría la noche conmigo si tuviera la oportunidad.
Se puso tan roja, que no tuvo dudas de que al fin se encontraba cara a cara con la persona que había publicado los comentarios de los que hablaba.
- Espero impaciente esa oportunidad…
Niobe, no sabía donde meterse.  Estaba hablando de ella.  En realidad, la conversación era exclusivamente entre ellos dos.
Después de algunos comentarios más, varias botellas de sake y la cena, alguien propuso ir a bailar y tomar algo por ahí.  Al salir del local, HYDE dejó salir a todo el grupo delante para poder quedarse detrás con Niobe.
- ¿Toda la noche? - Sonrió pasando su brazo alrededor de la cintura de la chica.
- ¡Ni de broma guapo! - Sus comentarios habían conseguido avergonzarla.
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Atrapada por Gackt

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CAPÍTULO I (+16)

Me quedé petrificada, Gackt estaba leyendo el fanfic en la pantalla del ordenador,  se había apoyado en el respaldo de mi silla mientras su barbilla se posaba en mi hombro.
- Sabía que eras tú. - Susurró.
Seleccionó el texto y lo suprimió.  Un suspiro de impotencia salió de mi garganta.
- Ni se te ocurra. - Giró la silla hasta dejarme frente a él. - Si quieres algo así, me lo pides y basta.
Su rostro estaba casi pegado al mío, sus ojos eran como el hielo, hermosos y tan fríos que daban miedo.  Me encogí en la silla.
- ¿Sabes por qué lo hice? - Murmuré aterrada por lo que estaba a punto de hacer.
- Tienes una boca preciosa para decírmelo ¿no?
- Porqué es en el único lugar, donde pareces un ser humano. - Señalé la pantalla vacía del ordenador.
- He leído muchas porquerías sobre mí, ¿piensas que algo como eso me va a afectar?
- Realmente, no me importa.
Empujó la silla como si le diese asco, se deslizó despacio y aproveché para ponerme en pie, perdí la poca ventaja que podía tener sentada, ya que la silla era bastante alta.
- Me deseas y lo escribes, cuando puedes pedírmelo. - Me atrapó justo cuando estaba a punto de abrir la puerta.
- ¡Escribo y punto!
- No pensarás que vas a escapar sin un castigo.
Su diabólica sonrisa, volvió a helarme la sangre,  me tenía acorralada.  Cogió un mechón de mi cabello, que acercó a su nariz.
- Huele extrañamente apetitoso. - Sentí como deslizaba su otra mano hacia mi nuca. - Eres extrañamente apetitosa, juraría que hasta sabes demasiado dulce, casi empalagosa.
Tiró con fuerza del pelo, lo que me hizo emitir un grito de dolor y sorpresa, me quitó el pañuelo del cuello dejándolo caer, para deslizar un dedo por mi garganta.  El dolor del tirón y la posición forzada me dejaron bloqueada el tiempo suficiente para que su lengua se deslizase desde la garganta hacía mi escote.
Un tirón más fuerte me hizo arquear la espalda ofreciéndole lo que quería, entonces fue cuando reaccioné, si algo había aprendido de convivir con chicos, era que un buen pisotón y un rodillazo bien dado siempre resultaba una ayuda excelente para esos casos...
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CAPÍTULO II (+16)

- ¡No puedes dejar el trabajo! - María comenzó a gritar histérica al otro lado del teléfono.
- ¡Casi me viola! - Exclamé
- ¿Queee?
- ¿Por qué demonios crees que hice es…?
El teléfono había desaparecido de mis manos.  Jun me miraba con ojos de súplica.
- Vale, se que después de lo que te hizo anoche no tengo derecho a pedirte esto...
- ¿Quién más lo sabe? - Pregunté asustada.
- Solo me lo ha dicho a mí.
Suspiré aliviada, todo había comenzado mal desde el momento en el que nos conocimos, pero no me apetecía nada que se corrieran rumores.
- Solo te pido que termines el trabajo de marketing, queda una semana y desapareceremos todos de aquí.
- Bien. - Suspiré derrotada.
Jun sabía como convencerme, me encantaba salir de copas con él, prácticamente nos habíamos hecho inseparables desde que había entrado en mi vida, apenas un mes atrás.  Me abrazó para consolarme.
- Tienes agallas, le dejaste cojo.
- No me gusta que me tiren del pelo.
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Se sentía frustrado, enfadado y dolorido, así que cada vez que alguien le preguntaba sobre su cojera se limitaba a bufar.
- ¿Cómo descubriste que ella escribía los fanfic?
- Por su manera de mirarme.  Cuando creía que no la miraba, me devoraba con los ojos y cuando hablo con ella, se comporta como si fuese una cría tímida.
- ¡Venga ya!
- En serio.  ¿Has leído los informes que nos pasó la primera semana, la escuchas cuando habla?  -  Le pasó el fanfic a su amigo.
- ¡Wao!  Si a mi me escriben algo como esto, ni lo dudo. - Se lo devolvió. - Pero no es para ponerse como un loco...
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CAPÍTULO III (+16)

Teníamos una larga reunión por delante, así que preparé todo para desaparecer de la oficina en cuanto terminase.  Las últimas semanas habían sido las peores de mi vida en relación a lo personal, así que no iba a permitir que me alejasen de mi mejor amiga el día de su cumpleaños.  Tenía el regalo, la ropa y la hora de la cena, así que reuní valor suficiente para enfrentarme de nuevo a él.
Tardamos menos tiempo del que imaginábamos, la verdad, es que el equipo de marketing y promociones lo había preparado todo muy bien, así que enseguida llegamos a un acuerdo y ultimamos todos los detalles de la gira en Europa.  Jun dio la sesión por finalizada y yo salí como una exhalación derecha a mi despacho.
En apenas un cuarto de hora, estaba arreglada, cogí todo y salí en dirección al restaurante donde se iba a celebrar el cumpleaños de Nora.
- ¡Vestido nuevo!
- Yo también te quiero. - Murmuré. - Felicidades.
- Un momento. - María me arrastró hacía la puerta de la calle.
- ¿Qué haces?
- No puedes decirme que casi te viola y cortar la llamada. - Comenzó a hacer aspavientos.
- No corté yo, Gackt se lo dijo a Jun, me quitó el teléfono.
- Será ca…
- ¡No! - La paré girando hacia la puerta. - Choqué con una persona, le pedí disculpas.
Al levantar la cabeza, me encontré con aquellos ojos fríos y perversos, que parecían no dar crédito a lo que veían.
- No te preocupes, ya estoy acostumbrado. - Abrió la puerta dejándome pasar. - ¡Eres tan torpe!
A penas probé la cena, sabía bien como amargarme la noche, si levantaba mi vista lo encontraba con sus ojos fijos en mí.  Tomé la cuarta copa de vino de la noche y me sentí aun más desnuda.
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- Deja de mirarla así.
- ¡Tiene piernas! - Sonrío.
- ¡Y pecho! - Exclamo Shuntaro
Jun y Gackt lo miraron desaprobando aquel comentario, aunque en el fondo, todos lo habían pensado.
- No debería de tomar más vino. - Murmuró Jun. - Es la quinta copa que llena.
De pronto las luces se apagaron y apareció una tarta llena de velitas, lo que a Gackt le pareció una oportunidad increíble que podía aprovechar para acercarse a ella.  Jun que parecía haber leído su pensamiento, lo sujetó justo cuando se levantaba de la silla.
- Ni lo sueñes, ya se lo estás haciendo pasar bastante mal.
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Respiré aliviada al salir del restaurante, solo quería pasar un buen rato con mis amigas y el vino ya comenzaba a hacer algo más que estragos en mí.  Cuando llegamos al local, alguien pidió vodka, que yo acepté gustosamente, pero a penas había llevado el vaso a mi boca, cuando el omnipresente Gackt me lo arrebató y bebió un sorbo.
- Será mejor que te lo de yo mismo.
- ¡No…!
No pude evitarlo, como tampoco pudo Jun, había demasiada gente como para escapar sin mi castigo, aunque desde luego, fue el trago de vodka más excitante que he tomado nunca... 

CAPÍTULO IV (+16)

Supongo que mi leve estado de ebriedad, ayudó bastante a la escandalosa situación que le siguió.
Trague la bebida mezclada con su saliva, después me separé lo suficiente como para ver su reacción cuando lo sujeté por las solapas de su chaqueta y tiré de él pegándolo a mí cuerpo, que en ese momento había subido bastante de temperatura.
- ¿Esto es lo que quieres? - Mordisqueé el lóbulo de su oreja derecha.
- Mucho más…
- Bien. - Me pegué a su cuerpo como si fuese lo último que fuese a hacer en esta vida.
Deslizó sus manos hasta mi trasero sin ningún remilgo, me apretó para que notase su excitación.
- ¡Chicos, chicos…! - Jun comenzó a hacer aspavientos para llamarnos la atención.
Pero Gackt estaba fuera de control, me arrastró hasta el hotel donde se alojaban y donde prácticamente llegamos sin respiración.
- Va a ser un concierto memorable.
Sus manos habían comenzado a deslizarse frenéticamente bajo el vestido a penas entramos en el ascensor, mientras que su camisa ahora estaba abierta por completo.  A penas nos dimos cuenta de que la ropa desaparecía cuando ya estábamos tumbados en el enorme sofá de la suite.
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Me dolía la cabeza y el cuello, abrí un ojo intentando recordar donde me encontraba.
-¡Hay dios mío! - No recordaba haber llegado hasta la cama, pero si que comenzaba a recordar algunas otras cosas.
Llevaba puesta una de sus camisetas, cuando intente moverme, partes que ni sabía que existían en mi cuerpo, comenzaron a quejarse de forma dolorosa.
- ¿Pero qué he hecho? - Murmuré.
- No me digas que no recuerdas nada. - Su voz me sobresaltó.
- Estaba bebida, no borracha.
- Entonces…
Noté como me ponía roja hasta la raíz del pelo, le tiré la almohada cuando comenzó a acercarse a la cama y me levanté por el lado contrario a toda velocidad.
- ¡No te atrevas a acercarte!
- ¿Sabes cuanto me molesta esa actitud de señorita remilgada?
- ¡Idiota!
Chasqueó la lengua mientras se acercaba a mí peligrosamente...

CAPÍTULO V (+16)

- No tuviste bastante anoche. - Lo esquivé pasando tras el sillón. - Todavía puedes correr.
- ¡Estás loco! - Me golpeé con la pata del sillón.
Me pilló cojeando, me echó sobre su hombro y me lanzó sobre la cama.
- Nena, todavía nos quedan ciento cincuenta páginas por reproducir.
Tragué saliva, Gackt estaba realmente loco.  Se relamió los labios y de pronto recordé porque me molestaba tanto el cuello.
- No puedes…
- Si que puedo. - Me aplastó sobre la cama. - ¿Lo notas?
- S…si.
- Tienes un cuello delicioso. - Volvió a morderme suavemente y cuanto más lo hacía, más me aferraba a él. - Eso es nena, muévete así… y canta para mí…
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- ¿Tienes que vestir así?
- Si. - Fue mi escueta respuesta.
- ¿Sigues enfadada?
- Si.
- Preferiría verte…
- ¿Con un vestido provocativo? ¿Borracha?
Mi mal humor iba en aumento, las ideas de mi cabeza seguían bloqueadas y el cuello era la muestra perfecta de un fin de semana sin salir de una habitación.  Jun suspiró pacientemente.
- Si quieres hablar…
- No.
- Gackt vuelve…
- No me importa cuando vuelve, de hecho no quiero volver a verle ni oírle.  He borrado sus canciones y quiero terminar esto cuanto antes.
- Tal vez si te relajas…
- ¡Oh, es eso!  ¡Ya estoy relajada!
Nada, me quedé callada mirando el boceto que habían dejado sobre mi mesa.  Jun descolgó el teléfono al primer toque y me lo pasó.
- ¿Diga?
- Me encanta tu buen humor por las mañanas.
Jun había salido rápidamente y yo deseé tenerlo frente a mí para estrangularlo.
- ¿Me hechas de menos?
- Personalmente, no.  Pero aquí todos quieren que vuelvas para terminar esto de una vez.
- Vuelvo el lunes.
- Bien, pero te recuerdo que el viernes tenía que estar terminado y presentado a los medios...

CAPÍTULO VI (+16)

- Lo siento. - Su voz sonó apagada.
- ¿Tienes el ordenador a mano? - Una idea surgió. - Te escaneo un boceto y quiero una buena idea.
- Puedes conectar la webcam…
- No, necesito que lo ojees durante un buen rato y después me respondas.
- De acuerdo, estoy en casa.
Colgué antes de que pudiera hacer algún otro tipo de comentario.  Aparté el boceto y abrí photoshop, hice un montaje que le mandé directo a su e-mail.  No tardé mucho en recibir su respuesta con un escueto "adelante".  Sorprendida llamé a Jun, para salir a cenar con él y charlar sobre Gackt.
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- Le mandé esto. - Le mostré el montaje. - Pensé que no le gustaría la idea. - Así que preparé este otro.
En el segundo montaje, un adorable demonio abrazaba a una chica vestida de negro, con un rostro muy dulce.  Era mucho más suave que el primer montaje.
- Sabes que no le importa desnudarse ¿no?
- Lo se, contestó rápidamente.
- ¿Por qué se marchó sin avisar?
- ¿Has oído hablar del festival Kenshin?
- No.
Jun me explicó, que era una recreación de una batalla bastante famosa y dura, en la que él participaba como general Kenshin, liderando su bando.
- ¡Vaya! -Exclamé sorprendida.
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Agotado después del duro día que había tenido, se dejó caer sobre la cama.  Apenas había probado bocado, lo que le dejaba en un estado lamentable.  Cuando comenzó a dormirse, sin darse cuenta su canción vanilla, comenzó a sonar en su cabeza.
- ¡Mierda! - Abrió los ojos desorbitadamente. - ¡Tengo que volver!
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La oficina estaba en completo silencio cuando llegué, encendí mi ordenador y comencé a trabajar.  Tan solo llevaba unos minutos, cuando comenzó a sonar el teléfono.
- ¿Diga?
- ¡Increíble, mi hermosa novia madrugó y llegó la primera a la oficina!
- ¿Sa…Samuel? - Respiré con cierta dificultad.
- ¿No te alegra oírme?
- Si…
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CAPÍTULO VII (+16)

Mis ojos se habían abierto desmesuradamente, cuando a través del ventanal, observé dos deportivos que prácticamente llegaban a la vez al aparcamiento.  Apagué el móvil.
- ¡No puedes hacerme esto! - Exclamé fuera de mí, mientras veía, como Gackt y Samuel, se dirigían a la entrada del edificio.
Si no tenía problemas, seguro que comenzaban en ese mismo instante.  Ni siquiera me dio tiempo a escapar, Samuel entró como un vendaval y me abrazó, justo cuando Gackt cerró la puerta de una manera algo brusca y se sentó en el sofá que había junto a la mesa.
- ¿No vas a presentarnos?
Una cruel sonrisa apareció en su demacrado rostro, alzó la mano tendiéndosela a Samuel.
- Este es Samuel…
- Su novio. - Me cortó, aceptando su mano amigablemente.
- Tienes una novia muy… servicial.
Aquel "servicial", me sonó demasiado mal, le miré con cierta vergüenza sabiendo perfectamente a lo que se refería.
- Así que conseguiste a Gackt para la agencia. - Sonrió orgulloso. - Mi chica cuando quiere algo lo consigue cueste lo que cueste.
Una tenebrosa carcajada llenó el ambiente.
- De eso estoy seguro. - Siseó.
----------
- ¿Cuándo ha llegado? - Jun estaba a punto de perder los papeles y la dignidad.
- Hace una media hora. - Susurré en el mismo estado que él.
- Esto se acaba aquí. - Comenzó a caminar dando vueltas alrededor de mi escritorio.
- No…
- Como a Gackt  le de por abrir la boca, da esto por terminado.  Y no te quepa duda de que lo soltará todo de la peor manera posible.
Me dejé caer en el sofá con la cabeza entre las manos.  Escuché abrirse la puerta, pero no levanté la cabeza.  De un momento a otro, todo iba a explotar de una forma u otra.
- Quiero una modelo muy "especial".
Levanté la cabeza asustada, sus ojos me traspasaron fríos como el hielo, en su rostro no había ninguna emoción.  Temblé de los pies a la cabeza.
- Yo mismo hablaré con el estilista para que la vista.
Trague saliva dispuesta a enfrentarme a lo que fuese que iba a pasar con la frente bien alta, para que el golpe fuese instantáneo...
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CAPÍTULO VIII (+16)

- De acuerdo. - Mi voz sonó firme.
- Esta tarde en la reunión hablaremos de los detalles.
Salió muy educadamente, sin portazos, ni gritos, solo el brillo de sus ojos traspasándome y el bello de mi nuca erizado.
- Esto es malo. - Susurró Jun. - Cuando es así de educadamente frio es muy malo.
- Creo que estoy a punto de vomitar.
Salí corriendo en dirección al baño, ante al atónita mirada de mis compañeros, que me siguieron anonadados con la mirada.  Me dejé caer en el suelo y comenzó mi suplicio.
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Todo el mundo se había quedado en el más absoluto silencio mirando a Gackt, de pronto todas las miradas se volvieron hacia donde yo me encontraba con una taza de café a punto de caerse de mis manos.
Samuel se acercó, cogió la taza y me miró de arriba, abajo, torció la cabeza dubitativo y sonrió son sorna.
- ¿Está seguro?
- Si. - Aquella afirmación era una orden.
- ¡Pero si no es una modelo!
- Tranquilo, seguro que sabe como "hacerlo muy bien".
Si en ese momento tengo la taza en la mano seguro que se la lanzo a la cabeza, comencé a caminar hacía la puerta.
- De eso nada señorita. - Me sujetó por la cintura. - Tienes que ver los bocetos del traje.
- Ya. - Susurré.
- Tu novio no aprecia lo que tiene. - Dijo con voz casi inaudible.
- ¡Y tú si!
- Podría comparar con él.
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- ¿Qué tal una cena?
- Estoy cansada - Levanté la mirada por encima del ordenador.
- Algo rápido. - Insistió Samuel.
- No gracias.
- No me gusta la idea de que ese tío te ronde. - Dijo de pronto.
- ¿Perdón?
- Está claro que para él eres algo exótico. - Dijo acercándose.- Eres diferente a las mujeres con las que sale.  Te gusta tu trabajo y no le haces caso.
"Si tu supieras" pensé.  Lo miré de nuevo por encima del ordenador, algo en sus palabras me indicó que estaba molesto…
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CAPÍTULO IX (+16)

- ¿Hay algo que quieras decirme?
- Cuando termines con el trabajo, quiero que te marches de la empresa.
Abrí el cajón derecho de mi mesa y saqué un sobre cerrado, se lo tendí.
- ¿Te iras con él?
- No gracias, ya me habéis causado bastantes problemas.  Dentro están las condiciones.
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Tenía una ligera idea de lo que había pasado, pero ninguna intención de averiguar nada.  Abrí el grifo de la ducha y dejé correr el agua aliviada.  Si algo tenían en común aquellos dos hombres, era que sabían como usarme y ambos lo habían hecho a su antojo.
Me envolví en la toalla, el teléfono no había dejado de sonar desde que había dejado mi despacho.  Lo apagué y me dejé caer sobre la cama.  Ya podía volver a ser yo misma, pero aun me quedaban algunos días de trabajo. 
----------
Cuando llegué al estudio, Jun estaba esperando impaciente, me tendió la carpetilla con el papeleo correspondiente.
- ¿Qué piensas hacer ahora?
- Me tomaré mi tiempo para leerlo, lo firmaré y me largo de vacaciones.
Se paró delante de la puerta impidiéndome el paso, por primera vez desde que había comenzado a trabajar con él, lo veía realmente enfadado.
- No tienes que hacer esto. - Señaló el escenario gótico que habían preparado para la sesión.
- Lo se. - Sonreí, sabía que se había opuesto en todo momento a realizar aquella burla.
Me vestí sabiendo que tras aquella sesión, todo iba a terminar, cuando Gackt se quitó el albornoz y comenzó, me olvidé del resto del mundo y me dediqué a disfrutar de aquel momento, para después desaparecer como si hubiese sido un fantasma.
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- ¿Cómo que se ha ido?
Jun le tendió la carta de dimisión.  Se quedó mirando el papel, sin lograr comprender del todo lo que sucedía.
- ¿Dónde está ese…?
- No puedes ir a recriminarle nada, ella ya había decidido irse cuando descubriste los fanfic.
- ¿Queee?
- Mira la fecha de la carta.
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CAPÍTULO X (+16)

- De acuerdo. - Mi voz sonó firme.
- Esta tarde en la reunión hablaremos de los detalles.
Salió muy educadamente, sin portazos, ni gritos, solo el brillo de sus ojos traspasándome y el bello de mi nuca erizado.
- Esto es malo. - Susurró Jun. - Cuando es así de educadamente frio es muy malo.
- Creo que estoy a punto de vomitar.
Salí corriendo en dirección al baño, ante al atónita mirada de mis compañeros, que me siguieron anonadados con la mirada.  Me dejé caer en el suelo y comenzó mi suplicio.
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Todo el mundo se había quedado en el más absoluto silencio mirando a Gackt, de pronto todas las miradas se volvieron hacia donde yo me encontraba con una taza de café a punto de caerse de mis manos.
Samuel se acercó, cogió la taza y me miró de arriba, abajo, torció la cabeza dubitativo y sonrió son sorna.
- ¿Está seguro?
- Si. - Aquella afirmación era una orden.
- ¡Pero si no es una modelo!
- Tranquilo, seguro que sabe como "hacerlo muy bien".
Si en ese momento tengo la taza en la mano seguro que se la lanzo a la cabeza, comencé a caminar hacía la puerta.
- De eso nada señorita. - Me sujetó por la cintura. - Tienes que ver los bocetos del traje.
- Ya. - Susurré.
- Tu novio no aprecia lo que tiene. - Dijo con voz casi inaudible.
- ¡Y tú si!
- Podría comparar con él.
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- ¿Qué tal una cena?
- Estoy cansada - Levanté la mirada por encima del ordenador.
- Algo rápido. - Insistió Samuel.
- No gracias.
- No me gusta la idea de que ese tío te ronde. - Dijo de pronto.
- ¿Perdón?
- Está claro que para él eres algo exótico. - Dijo acercándose.- Eres diferente a las mujeres con las que sale.  Te gusta tu trabajo y no le haces caso.
"Si tu supieras" pensé.  Lo miré de nuevo por encima del ordenador, algo en sus palabras me indicó que estaba molesto…
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CAPÍTULO XI (+16)

- ¿Hay algo que quieras decirme?
- Cuando termines con el trabajo, quiero que te marches de la empresa.
Abrí el cajón derecho de mi mesa y saqué un sobre cerrado, se lo tendí.
- ¿Te iras con él?
- No gracias, ya me habéis causado bastantes problemas.  Dentro están las condiciones.
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Tenía una ligera idea de lo que había pasado, pero ninguna intención de averiguar nada.  Abrí el grifo de la ducha y dejé correr el agua aliviada.  Si algo tenían en común aquellos dos hombres, era que sabían como usarme y ambos lo habían hecho a su antojo.
Me envolví en la toalla, el teléfono no había dejado de sonar desde que había dejado mi despacho.  Lo apagué y me dejé caer sobre la cama.  Ya podía volver a ser yo misma, pero aun me quedaban algunos días de trabajo. 
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Cuando llegué al estudio, Jun estaba esperando impaciente, me tendió la carpetilla con el papeleo correspondiente.
- ¿Qué piensas hacer ahora?
- Me tomaré mi tiempo para leerlo, lo firmaré y me largo de vacaciones.
Se paró delante de la puerta impidiéndome el paso, por primera vez desde que había comenzado a trabajar con él, lo veía realmente enfadado.
- No tienes que hacer esto. - Señaló el escenario gótico que habían preparado para la sesión.
- Lo se. - Sonreí, sabía que se había opuesto en todo momento a realizar aquella burla.
Me vestí sabiendo que tras aquella sesión, todo iba a terminar, cuando Gackt se quitó el albornoz y comenzó, me olvidé del resto del mundo y me dediqué a disfrutar de aquel momento, para después desaparecer como si hubiese sido un fantasma.
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- ¿Cómo que se ha ido?
Jun le tendió la carta de dimisión.  Se quedó mirando el papel, sin lograr comprender del todo lo que sucedía.
- ¿Dónde está ese…?
- No puedes ir a recriminarle nada, ella ya había decidido irse cuando descubriste los fanfic.
- ¿Queee?
- Mira la fecha de la carta.
Si alguien sabía donde estaba era aquel tipo tan incompetente y detestable, como para usar a su novia y luego deshacerse de ella.
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CAPÍTULO XII (+16)

Desde el balcón podía ver la playa, la bandera roja seguía ondeando y no parecía que el tiempo fuese a cambiar en breve.  Me senté con el café helado en una mano y el libro en la otra.
Llevaba un mes en completa soledad, ni teléfono, ni televisión.  Solo cuando bajaba a desayunar leía el periódico, para volver a mi austero apartamento.  Me estiré cómodamente en la hamaca, cuando sonó el timbre.
- Se acabó la calma. - Mi tía tenía la costumbre de ser inoportuna, además de la única persona que sabía donde estaba.
- ¡Hola tesoro! - Exclamó después de mirarme de arriba abajo, como si me estuviese quedando en los huesos. - Te traigo comida casera.
Me tendió un bol cubierto de papel aluminio, que contenía una ingente cantidad de ensaladilla rusa y un enorme bote de aceitunas arbequinas, que devoré con los ojos.
- Las aceitunas vale, pero la comida…
- Nada, que te vas a quedar en los huesos.
Fue derecha a la pequeña cocina del apartamento y sacó dos platos del armario, me quitó el bol y puso una enorme cantidad de ensaladilla en mi plato.
- Tu novio ha llamado. 
- ¿Samuel?
- No, ese no el japonés.
Se me cayeron los cubiertos y rompí un vaso.
- Tía, Samuel es mi novio.
Mi tía, que además de inoportuna y buena cocinera, decía conocer bien a los hombres sonrió de oreja a oreja.
- Ese no era el que trabajaba contigo.
- Era mi jefe.
- Que más da, te dejaba a ti haciendo su trabajo y después presumía delante de todos de lo bueno que era en su trabajo…
- Tía, ¿qué te ha dicho? - La interrumpí sabiendo que lo que decía era verdad.
- Que no te muevas de aquí, que viene con ¿Jun?
Asentí mientras me llevaba a la boca el vaso de agua caliente que había llenado del grifo.
- ¡Puaggg! - Escupí.
- Parece majo el chico.
- ¡Es la leche! - Exclamé bajito para que no pudiese oírme.
- ¿Decías?
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CAPÍTULO XIII (+16)

- ¿Llevas las fotos?
- ¿Crees que se tragará que vas a enseñarle el book?
- No, pero quiero saber si está embarazada.
Jun se atragantó con el café.
- Pero ¿cómo se te ocurre?
- No es tan difícil, lleva más de dos meses desaparecida y…
- No quiero los detalles escabrosos.
- No tuvimos ningún cuidado, te lo aseguro.
Pagó en sus consumiciones, para poder continuar su camino.
- No se lo va a tomar nada bien, sobre todo cuando sepa que prácticamente destrozaste su piso hasta que descubriste la agenda.
- Nadie se va sin decir donde.
- Salvo ella claro…
A Jun, lo que menos le apetecía era ver la escena que se avecinaba, sobre todo cuando el le preguntase por el supuesto embarazo, del que Gackt no dejaba de hablar.
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Decidir bajar a la playa, no podía bañarme, pero al menos pasearía e intentaría relajarme un poco.  Había un grupo de niños jugando a la pelota cerca de las rocas, por lo demás no había mucha gente en la playa.  Sin darme cuenta comencé a pasear entre los tenderetes que había en el paseo.  Unos ojos claros y una sonrisa perfecta, me miraron desde una enorme toalla, junto a esta, otra de ojos más oscuros y cabello rubio.  Mi perversa mente se puso a funcionar por su cuenta y cuando por fin pude reaccionar, llevaba a Gackt y HYDE en una bolsa camino de casa.  Cuando llegué con mi botín, vi que la puerta estaba abierta.
- ¡Tía! - Llamé desde la entrada.
- Pasa cariño, tu novio ha llegado.
- ¡Ja!
Jun dio un paso hacía el balcón evitando mirarme, sonreí amigablemente y me preparé de nuevo para la tormenta que se avecinaba.
- Toma. - El álbum de fotos apareció ante mis ojos.
- Yo también me alegro de verte. - Le di dos besos a Gackt, esquivando el libro.
- No imaginaba lo guapa que podías salir en unas fotos. - Dijo mi tía que ya lo había ojeado.
Gackt me miraba insistentemente, por lo que me acerqué al balcón y lo abrí.  Jun tampoco apartaba sus ojos de mí.
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CAPÍTULO XIV (+16)

- ¡Has ido de compras! - Exclamó Jun, que sabía perfectamente que no me gustaba mucho.  Me quitó la bolsa.
- ¿Pasa algo?
Los dos seguían mirándome furtivamente, comenzaba a exasperarme, pero ambos estaban tan serios, que me temí que algo hubiese sucedido durante mi ausencia.
- ¡Anda HYDE! - Dijo Jun lanzando la toalla a Gackt que se puso a mirar obsesivamente si aquel objeto de tela tenía algún defecto.
- Hija, ¿estás embarazada?
A Gackt se le cayó la toalla y el álbum de fotos, desparramándose por el suelo, mientras Jun perdía la bolsa y tropezaba con una silla.  Fruncí el ceño, "¿así qué era eso?", me encogí de hombros quitando importancia a la pregunta, aunque lo que realmente quería era matarlos a los dos.
- De Samuel no. - Me senté cómodamente en la hamaca, mientras Gackt puso los ojos en blanco a punto de perder la paciencia.
- ¡Anda mira, aquí estas tú! - Murmuró Jun mostrando la otra toalla e intentando quitar importancia al asunto.
Gackt comenzó a recoger las fotos sin decir ni pio, pero la interrogante seguía en el aire.
- ¡No, no lo estoy! - Dije finalmente, antes de que a  cualquiera de los dos le diese un infarto.
- ¡Ah! - Exclamaron los dos a un tiempo entre aliviados y desilusionados.
Jun y Gackt, como si se hubiesen leído el pensamiento salieron del apartamento sin siquiera darme una explicación.
- ¡Hija, mira que puedes llegar a ser mala! - Mi tía salió detrás de ellos dejándome sola.
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- ¿Y ahora qué? - Jun intentaba mantener el ritmo de Gackt, mientras este intentaba no hiperventilarse.
- No se… no se… - Caminaba cada vez más agitado
- Pues algo habrá que hacer, no puedes soltar esa perla y largarte corriendo.
- Primero, yo no lo he dicho.  Segundo, no he salido corriendo…
Jun lo arrolló para que se estuviese quieto.
- Vamos al hotel, te duchas y la invitas a cenar.
- ¡Huy, lo más fácil del mundo! - Gritó perdiendo al fin los nervios.
- No te queda otra, a no ser que vuelvas ahora y hables con ella.
- ¡La ducha… prefiero la ducha!
Era la primera vez, desde que trabajaba en la agencia que le veía perder el control de sus acciones, ver su miedo a enfrentarse a la chica le sorprendió.
- Más te vale que le des una buena explicación.
- Ves preparando mi funeral y avisando a la familia.
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CAPÍTULO XV (+16)

Estaba sentada de nuevo en mi maravilloso mundo artificial, cuando el timbre me devolvió al real.  Me levanté con desgana a sabiendas de quien era el que estaba tras la puerta.
- ¿Vuelves con un test de embarazo? - Sonreí dulcemente.
- Eto…
- Vienes sin guardaespaldas. - Chasqueé la lengua defraudada.
- Eto…
- Puedes interrogarme, no pienso cortarte en pedacitos.
- Eto…
- ¡Ay caramba, que no pienso comerte!
- Estás más delgada. - Se sentó como si con eso diese por confirmada la falta de embarazo.
- ¿Venias con una amenaza de matrimonio? ¿La exigencia de llevarte al bebé? ¿Secuéstranos a los dos? ¿Hacer desaparecer las pruebas…?
Me miró como si estuviese loca, pero es que me estaba volviendo loca ese comportamiento.  Siempre se había comportado como un loco y tomaba lo que quería sin importar las consecuencias, ahora sin embargo, parecía no atreverse a decir o hacer nada.
- Vamos a comenzar de cero. - Tercié por ver si así lograba hacerle hablar. - ¿La idea del embarazo fue de Samuel?
- No. - Negó con la cabeza.
- ¿Fue de Jun?
- Fue mía. - Me miró esperando una reacción que al parecer se hacía de esperar.
- ¿Cómo surgió la idea en esa retorcida cabecita? - Le golpeé suavemente con el dedo y me senté a su lado.
Caí en la cuenta de lo mal que lo tenía que estar pasando, para averiguar donde estaba, le cogí la mano.
- Desapareciste después de la sesión de fotos sin decir nada, nadie sabía donde estabas. - Hablaba muy bajito, casi con desesperación. - Tuve que destrozar tu casa pa…
- ¿Queee? - Grité retorciendo la mano que le sujetaba, haciéndole una luxación.
- Te mato…
- Para… para…
Aunque era bastante más alto que yo, estaba demasiado furiosa para razonar.  Lo había tumbado sobre el sillón boca abajo.
- Te mato… - Seguí gritando, sin cambiar de posición.
- Te prometo que te pagaré todo lo que destrocé…
- Yo… te… mato…

CAPÍTULO XVI (+16)

Supongo que mi inoportuna tía se olió que algo no iba a salir bien, porqué en aquel momento entró acompañada de Jun, que al ver a Gackt con la cara pegada al sillón y el brazo en una postura un tanto… forzada saltó sobre mí, intentando apartarme.
- Está muerto… y tú también… - Solté a Gackt, que aprovechó el momento para escabullirse.
- ¡Yo no fui con él! - Gritó un más que asustado Jun.
En aquél momento, Gackt aprovechó para sujetarme por detrás, intentando evitar cualquier movimiento por mi parte que los pusiera en peligro.  Aun así se llevó alguna que otra patada.
- ¡Hija, cálmate! - Mi tía miraba la escena anonadada.
- ¡Suéltame! -  Grité de nuevo.
Los tres retrocedieron por lo que pudiera pasar, se quedaron pegados a la pared más alejada de mí.
- Eto… creo que debemos de marcharnos hasta que se calme. - Murmuró Gackt.
- Ni de broma. - Contestó Jun. - Tú te quedas hasta que arregles esto.
Después de ver el panorama, tanto mi tía, como Jun, salieron del apartamento despavoridos dejando a Gackt a mi completa disposición para hacerlo pedacitos.
- Me… volví… loco. - Consiguió articular. - No sabía donde estabas.
- ¡Como si eso te importase! - Levanté la voz, pero ahora ya no gritaba.
- ¡Tienes fuerza! - Se frotó el brazo.
- Ya sabes como estoy, ahora espero que desaparezcas y no vuelvas. - Salí a la terraza, necesitaba respirar un poco.
- Él te insultó, me dijo que nos habías usado para tu beneficio, que estabas embarazada y escondida hasta que pudieses sacar aun más beneficios. - Se sentó en el suelo de la terraza.
- Y le creíste.
- No, pero confirmó mis dudas de que estabas embarazada. - Me miró desde el suelo. - No sabía si te encontrabas bien… pensé que era mejor que me usases… a perderte.
Comenzó a reír, lo miré sorprendida y cuando lo hice, me di cuenta de que realmente estaba divertido.  Me senté a su lado.
- Estás loco ¿sabes?
- Un poco. - Me pasó el brazo por los hombros. - Nunca hubiese imaginado lo fuerte que eres cuando te enfadas.
Yo también me reí, no tardé mucho en lagrimear de la risa, sobre todo cada vez que recordaba la cara de los tres pegados a la pared.
Cuando me calmé apoyé la cabeza en su hombro y comencé a tararear muy bajito el estribillo de "Vanilla".
- ¡Ahora no puedes ponerte a tararear esa canción! - Le brillaban los ojos, no llevaba las lentes de contacto.
- No seas pavo. - Me encantaba aquella canción. - ¿Puedo amarte también?  En la agitada noche… está bien así… más profundo… - Canté.
- Suena bien.
"Muy bien" pensé, le pasé el teléfono con el que llevaba jugando un buen rato.
- Llama a Jun, dile que deje de dar vueltas o agujereará la acera y que vuelva al hotel.
Cuando colgó, yo solo podía pensar en una cosa, quería que fuese "Vanilla" para mí… y sabía como hacerle bailar, le tendí la mano y susurré de nuevo.
- ¿Puedo amarte también…?
No me dejó continuar, decidió comenzar a bailar en aquel lugar y no le interrumpí…

                                                          FIN 

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